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Del autoconocimiento a la autotrascendencia

Objetivo general

Este programa propone un itinerario de desarrollo contemplativo inspirado en el budismo temprano. Su finalidad no es únicamente aprender técnicas de meditación, sino recorrer un proceso gradual de transformación personal que conduce desde el conocimiento de la propia mente hasta la comprensión directa de la naturaleza condicionada de la experiencia. El recorrido se articula en tres niveles progresivos, cada uno de ellos asociado a una pregunta fundamental y a un conjunto de enseñanzas específicas.

 

Nivel I. Iniciación: Autoconocimiento

 Pregunta fundamental: ¿Cómo funciona mi mente?

El primer nivel tiene como objetivo desarrollar una mente estable, atenta y capaz de observarse a sí misma. La práctica se centra inicialmente en la meditación con objeto, utilizando soportes como la respiración, el cuerpo, la benevolencia (mettā) u otros objetos tradicionales que favorecen la concentración y la continuidad de la atención.

Paralelamente, el practicante aprende a reconocer los cinco obstáculos (nīvaraṇa) —deseo sensorial, aversión, pereza y somnolencia, inquietud y duda—, comprendiendo cómo condicionan la experiencia y cómo pueden ser debilitados mediante la práctica.

El entrenamiento se completa con los cuatro esfuerzos correctos, que enseñan a prevenir el surgimiento de estados mentales nocivos, abandonar los ya presentes, cultivar los estados saludables y mantenerlos una vez desarrollados. De este modo, la meditación deja de ser únicamente un ejercicio de concentración para convertirse en un proceso de autorregulación consciente.

Al finalizar este nivel, el practicante ha adquirido una atención estable, conoce sus patrones mentales habituales y dispone de las herramientas necesarias para gobernar su propia mente con mayor libertad.

 

Nivel II. Intermedio: Autorrealización

Pregunta fundamental: ¿Quién soy realmente?

Una vez estabilizada la atención, la práctica evoluciona hacia el monitoreo abierto (open monitoring), en el que toda la experiencia —pensamientos, emociones, sensaciones corporales, recuerdos e impulsos— se convierte en objeto de observación.

Este proceso se enriquece con el conocimiento de los tipos psicológicos (carita), que permiten comprender las tendencias predominantes de cada individuo y adaptar la práctica a sus características particulares.

El núcleo de este nivel lo constituye la contemplación de los cinco agregados (khandha): forma, sensación, percepción, formaciones mentales y conciencia. El meditador aprende a observar directamente cómo estos procesos constituyen aquello que habitualmente denomina "yo".

Sobre esta base se analizan las veinte opiniones erróneas acerca del yo, es decir, las distintas formas en que la mente identifica alguno de los agregados con una identidad permanente o considera que le pertenecen. La observación continuada revela que la personalidad no es una entidad fija, sino un proceso dinámico, condicionado y cambiante.

Al concluir este nivel, el practicante comprende que la identidad personal es una construcción dependiente de múltiples procesos físicos y mentales, debilitándose progresivamente la identificación con ellos.

Nivel III. Avanzado: Autotrascendencia

Pregunta fundamental: ¿Cómo surge toda la experiencia?

En la etapa avanzada la investigación deja de centrarse exclusivamente en el individuo para dirigirse hacia el funcionamiento de la experiencia en su totalidad. El punto de partida es la contemplación de las seis bases sensoriales (saḷāyatana), observando cómo la interacción entre órganos sensoriales, objetos y conciencia da lugar al contacto, la sensación y el deseo.

Sobre este fundamento se cultivan y equilibran los siete factores de iluminación (bojjhaṅga): atención plena, investigación de los fenómenos, energía, alegría, tranquilidad, concentración y ecuanimidad. Estos factores representan las cualidades mentales que permiten que la comprensión madure de forma equilibrada hasta convertirse en verdadera sabiduría.

El eje culminante del nivel es la contemplación de la originación dependiente (Paṭiccasamuppāda), entendida tanto como explicación doctrinal del sufrimiento como experiencia directa de la condicionalidad de todos los fenómenos. El practicante observa cómo cada estado mental surge debido a causas y condiciones, careciendo de una esencia independiente o permanente.

Esta comprensión conduce progresivamente al debilitamiento de la apropiación, del apego y de la ilusión de un yo separado, haciendo posible la aparición de una libertad interior cada vez más profunda.

Al finalizar este nivel, el meditador ya no se limita a conocer su mente ni a comprender cómo se construye la identidad, sino que reconoce directamente el carácter condicionado de toda la experiencia, abriéndose a una auténtica autotrascendencia, entendida no como la adquisición de un nuevo estado del yo, sino como el cese progresivo de la identificación con los procesos que constituyen la experiencia.


Fernando Rodríguez Bornaetxea

La Meditación es una práctica de autoconocimiento, autorrealización y autotranscendencia que se ha practicado en casi todas las culturas desde que el ser humano se dio cuenta de que tenía la capacidad de ser consciente y acceder al proceso de generación y gestión de sus estados y procesos psicofísicos.

Sin embargo, el término está saturado de connotaciones tanto positivas como negativas. Al haber sido una práctica ligada a aspectos trascendentes del ser humano se ha relacionado con la religión o la mística, razón por la cual ha sido desvalorizada o rechazada por las personas apegadas a puntos de vista racionalistas o cientificistas. Por el otro lado, los estados de absorción meditativa se han considerado en algunas tradiciones como fines en sí mismos sin tener en cuenta la potencialidad terapéutica y prosocial de la práctica meditativa.

La investigación científica, los adelantos en Neurociencia y los avances en Ciencia Cognitiva han reintroducido la meditación en la agenda de las sociedades desarrolladas, aunque desde una comprensión utilitaria e individualista. El Mindfulness ha sido el vehículo mediante el que se ha legitimado científicamente la meditación como forma de psicoterapia. Aunque el valor terapéutico del cultivo de la atención es indudable, el potencial de la meditación como herramienta para acabar con la insatisfacción existencial trasciende el método y la filosofía en los que se basa la ciencia.

El caso es que, después de un protocolo de Mindfulness, se suelen abrir muchas puertas de indagación en el malestar y, sin embargo, los instructores formados en mindfulness no suelen tener herramientas para continuar con los procesos de maduración psicológica y despertar espiritual que facilitan algunas formas de la meditación. Por otra parte, los déficits de la ideología dominante, basada en el materialismo y el individualismo, está provocando una búsqueda espiritual que acerca a muchas personas a disciplinas contemplativas y a sistemas de creencias que aporten un sentido de trascendencia.

Vemos, por tanto, cómo la meditación está siendo retomada por muchas personas que buscan fórmulas para poder vivir en sociedades ansiógenas, dar respuesta a la falta de sentido y propósito vital, gestionar procesos emocionales o cognitivos distorsionados o vehicular el anhelo de trascendencia y la intuición de que hay una salida a la insatisfacción existencial humana.

Son estas circunstancias, entre otras, las que nos plantean la necesidad de dar estructura a la enseñanza de la meditación. Como occidentales tendemos a ver en la meditación ese tipo de actividad semanal de tipo ‘mantenimiento’. Sin embargo, la meditación, tal y como la entendemos en Baraka, es un sendero de transformación holística del individuo humano.

Por supuesto que se puede hacer meditación una hora o dos a la semana y utilizarla para relajarse o calmarse, pero los resultados serán muy limitados e inestables, y acabará, más pronto que tarde, siendo sustituida por una nueva actividad o por una pastilla que tenga los mismos efectos.

En Baraka llevamos muchos años enseñando meditación y lo hemos hecho partiendo de la psicología e integrándola en el ‘Sendero de Buda para la superación del sufrimiento’, el Dhamma.

Buda descubrió y enseñó una metodología basada en la práctica de la meditación, combinada con el desarrollo de una actitud ética y de una comprensión de cómo se puede hacer cesar la insatisfacción.

La psicología puede ayudarnos a entender y a interpretar muchas de las experiencias y procesos que surgen durante la implementación del Dhamma. En concreto, la ‘psicología del desarrollo’ nos orienta en el proceso que un ser humano debe realizar para madurar psicológicamente. La maduración psicológica consiste en dar sentido al proceso personal, aceptar la realidad, gestionar las emociones y actuar con responsabilidad. La ‘psicología del desarrollo’ ha mostrado cómo todo ser humano va madurando como persona a través de una serie de niveles estructurales cualitativamente diferentes que conducen hacia la Autorrealización, un estado en el que se han desplegado las potencialidades individuales hasta el punto en que aparece el sentimiento de estar ‘realizado’ como persona.

En realidad, se usa la Psicología para ‘traducir’ las experiencias en primera persona que van apareciendo durante la meditación. Como occidentales necesitamos saber por qué hacemos lo que hacemos y la psicología puede explicar, a posteriori, con conceptos más familiares, experiencias que resultan inexplicables para una persona que carece de una formación psicológica. Por supuesto, no intentamos sustituir al ‘psicoterapeuta’ que puede tener una función fundamental en el proceso. Puede haber varios momentos críticos en el ‘sendero’, en los cuales, la función del psicoterapeuta puede facilitar y acelerar procesos. Antes, la función del ‘Maestro’ consistía en una dirección espiritual que incluía muchos aspectos que hoy en día son tratados por el psicoterapeuta. De la misma manera, sería una gran ventaja si el psicoterapeuta tiene experiencia en meditación puesto que en el ‘sendero’ se transita por muchos procesos que se considerarían ‘insanos’ en psicología, pero son necesarios para avanzar en el mismo.

Así como la psicología del desarrollo propone esquemas con diferentes niveles, el Dhamma, mide el progreso por el nivel de estado de conciencia al que se accede. Efectivamente, la meditación modifica el estado de vigilia que solemos tomar por ‘normal’. De hecho, su ámbito de indagación no es tanto el contenido de la experiencia como las condiciones de su surgimiento. Con la práctica vamos conociendo ‘cómo es ser yo’. Es una fase de Autoconocimiento en la que descubrimos nuestros apegos y aversiones, tal y como se van produciendo momento a momento, así como las situaciones de confusión, desorientación o desconexión que se producen durante el proceso. Esta fase de Autoconocimiento concluye con la Autorrealización mencionada anteriormente.

En la Autorrealización se comprende cómo funciona la insatisfacción más inmediata. Sin embargo, la mayor parte del malestar surge de que nos identificamos con impulsos, tendencias o rasgos, las cosas que creo ser. Cuando se comprende que ‘yo’ no es nadie en concreto sino una serie de actividades condicionadas sobre las que se puede operar, se puede emprender la fase de descondicionamiento y deconstrucción de esas identificaciones. Se trata de descubrir las intenciones más profundas y reconocer los anhelos más arraigados de este organismo psicofísico para incluirlos y trascenderlos.

El paso de la Autorrealización a la Autotrascendencia es fundamental en el Dhamma de Buda. Una de las enseñanzas más radicales de Buda tiene que ver con la comprensión de que ‘yo’ depende de innumerables causas y condiciones y no tiene existencia propia. La comprensión de la ‘no sustancialidad del yo’ conduce a la salida de la ‘conciencia de sí’ y da acceso al único estado no condicionado alcanzable por el ser humano, Nibbana.

La ‘Escuela de Meditación’ BARAKA acompaña al practicante en este proceso: Autoconocimiento, Autorrealización, Autotrascendencia. Como hemos dicho el ‘sendero’ es largo y surgen cantidad de inconvenientes que, si practicamos solos, nos conducirán al abandono. Además, la fenomenología, las experiencias que se viven en el proceso necesitan ser elaboradas e integradas.

En la ‘Escuela’, tenemos herramientas y experiencia suficiente para saber cuándo estás preparada o preparado para el siguiente tramo del ‘sendero’ y proporcionarte los elementos que pueden hacerte progresar en el mismo. En realidad, este ‘sendero’ está tan alejado de las ideologías dominantes que resulta muy difícil transitarlo en soledad. La creencia en que ‘yo’ dirijo la dirección e intensidad de mi práctica puede hacerte fracasar o quedarte estancado.

Hemos tenido mucha suerte al encontrar un método tan eficaz para la superación de la insatisfacción y esperamos ser lo suficientemente perspicaces como para poder realizarlo todo lo que podamos. Sin detenerse ni forzarse, por el ‘camino medio’ que conduce a la sabiduría.

 

Fernando rodríguez Bornaetxea es Doctor en Psicología y maestro de meditación vipassana. Dirige la escuela de meditación vipassana de Baraka desde hace 27 años.


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