YOGA
Entrevista a Naiara Gorroño ,nos comparte su visión y su experiencia vital con el Yoga.

Eres Licenciada en Periodismo y tienes un Máster en Pedagogía, ¿Cómo llegaste al yoga?
naiara
 Llegué al yoga sin buscarlo. Hace más de 10 años yo estaba en las profundidades de la selva amazónica brasileña, a un día de canoa del pueblo más cercano. Allí, un buen amigo había creado IDEAA, (Instituto de Etnopsicología Amazónica Aplicada); una clínica que ofrecía la oportunidad de realizar un trabajo de exploración interior a través de la aplicación de técnicas utilizadas tradicionalmente por los indios amazónicos. Yo tuve la suerte de compartir allí tres meses de mi vida aprendiendo de la selva; la mejor Universidad a la que he asistido en mi vida. El plan de trabajo en Ideaa integraba distintos métodos y disciplinas de autoconocimiento y desarrollo personal, entre ellos el yoga. El programa de actividades cotidiano empezaba al alba, iniciando con una clase de meditación y de yoga. Así llegué al yoga, sin buscarlo, ¡me encontró en medio de la selva! La práctica diaria del yoga durante los meses que viví en el Amazonas me servía para integrar toda la intensidad de la selva y de las experiencias que vivía. Practicar yoga me daba presencia, esa cualidad para estar relajada y atenta al mismo tiempo que es tan fundamental para moverte en la Amazonía. Allí comprendí que el yoga era algo útil para mi vida y me lo quedé como compañero del gran viaje de la vida.

¿Qué nos ofrece el yoga en este mundo frenético que vivimos hoy?
 Una pausa, una parada. Para mí el yoga es un camino de regreso a casa: de volver al interior. Vivimos mirando para afuera; más preocupados en parecer que en ser y lo que nos ofrece el yoga es la posibilidad de mirar hacia dentro para tomar contacto con nuestra realidad interior: con el cuerpo, las emociones, la mente. El yoga es ese camino de ir de la agitación, del ritmo frenético y las exigencias de las sociedad actual, a buscar un espacio de calma interno; que es de dónde podemos sacar la fuerza y la confianza para vivir los desafíos que la vida nos presenta. Las nuevas tecnologías de la comunicación y las multi-tareas hacen que nuestra atención esté dispersa. Son las paradojas del mundo moderno: queremos estar en todo y no estamos en nada; vamos corriendo a todos lados y siempre llegamos tarde. ¿Por qué? Pues mucho porque nuestra atención la tenemos dispersa. No vivimos el presente; estamos lejos del cuerpo y del ahora. El yoga nos ofrece la posibilidad de entrenar la atención y cuando tenemos la atención despierta estamos en casa: plenamente en el ahora, en el cuerpo. Muchas veces nuestras mentes andan agitadas, de aquí para allá, sin tregua y somos como un barco a la deriva de nuestros pensamientos, sin ningún control sobre ellos. Con la atención tomamos el timón del barco y empezamos a observar nuestros pensamientos, sensaciones, emociones… Ahí es dónde empieza un camino de libertad para reencontrarnos con nosotros mismos.

¿Cómo interpretas hoy el sentido del yoga? 
Para mí el sentido del yoga es que tiene que ser útil. Tiene que servir para vivir mejor. Y para mí vivir mejor es aprender a aceptarnos, a estar a gusto en nuestro cuerpo, hacernos amigos de nuestra mente, controlar las emociones….. El yoga me tiene que servir para conocerme; porque sólo puedo amar y cuidar aquello que conozco. Y este recorrido empieza en mí para después comprender mejor al otro, para ser más comprensivo y    respetuoso hacia mí  y hacia los que me rodean. Diría que el verdadero sentido del yoga es la libertad y la felicidad.

¿Cómo son tus clases? 
Existe un músculo que en estos momentos creo que la mayoría de nosotros estamos necesitados de entrenar. Es el músculo de la mente y se llama atención. Mis clases son fundamentalmente un entrenamiento de la atención; porque de ello depende en gran medida nuestra calidad de vida. Si tengo atención hay concentración, hay un diálogo vivo con mi interior, un control de mis pensamientos y emociones. Éste cultivo de la atención lo hacemos primero ejercitando el cuerpo y la respiración, a través del Hatha Yoga, estirando la musculatura del cuerpo, suavizando las tensiones corporales. Después ejercitamos la mente, a través de la meditación, aplicando técnicas de Mindfulness o atención plena. Nunca dos clases son iguales. Depende del grupo que se forma, de cómo llega la gente, de lo que percibo que ese día más se necesita trabajar. Y sobre todo, busco la sencillez. Creo que desde lo más sencillo podemos llegar a lo más profundo. Se trata de hacer menos y sentir más.

¿Qué necesito para hacer yoga?
 Respirar. Lo único que necesitamos para hacer yoga es la respiración. Desde ahí, el yoga se adapta a la realidad corporal, mental, emocional de cada persona. Cada  cuerpo somos un universo y en mis clases invito a que cada persona adapte el yoga a su realidad, al momento que está viviendo.

¿Hay mucha diferencia entre las escuelas de yoga?
 Yo creo que hay tantos yogas como personas que practican yoga. Cada uno entendemos y vivimos el yoga de una forma muy propia, muy original. Yo hay veces que me he aburrido muchísimo en según qué clase de yoga y que he terminado la sesión más agitada de lo que empecé. Por eso es importante que cada quien encuentre la persona con la que se sienta a gusto, más allá de escuelas o estilos de yoga. Yo creo que es importante que en yoga te diviertas, te lo pases bien y eso depende en gran medida de que conectes con la persona que te lo transmite.

¿En qué apoyos basas tus enseñanzas, cuál es la fuente principal que las nutre? 
Sigo la formación en la Escuela Sadhana y es una gran fuente de inspiración. Pero me han nutrido mucho mis maestras con las que he practicado Expresión Corporal y Poesía Corporal: Deborah Kalmar y Elena Romio, mujeres que me enseñaron a escuchar el cuerpo, a sentirlo. Y esta base de la Expresión Corporal está presente en  mi forma de transmitir el yoga. Mi fuente principal, de todas formas, es la Vida misma y mi propio camino de búsqueda: comparto hasta donde yo he llegado, lo que voy descubriendo.

¿Qué es lo que más te interesa transmitir en tus clases?  
Que podemos aprender a vivir la vida desde el gozo en vez de desde el dolor. A través del yoga podemos conocernos mejor y por consiguiente disfrutar más la vida. Eso es lo que intento trasmitir en mis clases: que es posible encontrar una forma para gozar plenamente la vida.

Naiara Gorroño es profesora de Yoga en Baraka. Ofrece sus clases los martes y los jueves de 14:30 a 15:45  y de  20:00 a 21:15.