FACILITACIÓN, EL ARTE DE CREAR COMUNIDAD
¿Quién no se ha sentido alguna vez impotente y triste al ver que un proyecto en el que habíamos puesto tanta ilusión se venía abajo por las tensiones y conflictos entre la gente? ¿Quién no se ha sentido frustrado al ver cómo tantas reuniones se alargan más de la cuenta para no llegar a ninguna parte?

¿Quién no se ha sentido enojado cuando sus ideas no han sido ni siquiera escuchadas porque otros ya habían decidido antes? ¿Quién no se ha sentido herido por las palabras que otros han pronunciado inconscientemente? ¿Quién no se ha sentido alguna vez abrumado por la falta de amor y cuidado en tantos grupos de los que hemos sido parte? ¿Quién no se ha sentido abusado por personas que habían ganado nuestra confianza?

Afortunadamente estas situaciones no son inevitables. Si has pasado por alguna experiencia similar, es muy probable que te hayas preguntado qué se puede hacer, cómo se pueden evitar los abusos, la frustración, la rabia o el conflicto que acompañan tantas veces nuestras relaciones y experiencias grupales. Y si nunca has tenido problemas en tu relación con los demás, nunca te has sentido atacado, herido o marginado, entonces tal vez sea el momento de preguntarte si no será que eres tú quien genera frustración o sufrimiento, quien atacas, hieres o marginas. ¿Nunca te has extrañado de las reacciones de otras personas ante algunas de tus palabras o actos?

Seguramente nadie te ha dicho que es posible aprender a vivir o trabajar en grupo sin por ello poner en peligro nuestras necesidades personales, que es posible crear un espacio de seguridad y confianza donde todos podamos expresarnos sin miedo, donde podemos dejar de lado todas las corazas que cargamos para protegernos y mostrarnos tal como somos, que es posible aprender de lo diferente y de quien se siente diferente. Ya hay muchas personas en el mundo que están explorando fórmulas para una convivencia pacífica, cuidadosa, cooperativa y mutuamente enriquecedora, y capaz de acoger a la diversidad de seres que pueblan el planeta. ¿No te gustaría formar parte de grupos donde esto fuera así? ¿No te gustaría reencontrar tu ser participante, esa parte de ti que busca interactuar libremente con los demás, que quiere participar en proyectos comunes por los que se expresa creativamente una visión, que gusta de sentir la fuerza y el misterio de toda apuesta colectiva? ¿No te han dicho nunca que cambiar el mundo está en tus manos, que tú solo puedes cambiar la dinámica interna de los grupos de los que eres parte, que tú tienes en ti todo lo que necesitas para transformar tu mundo y tu entorno? O ¿tal vez te lo han dicho y no te lo has creído?

Podemos. Podemos aprender a conocernos mejor y a conocer mejor a las personas que nos rodean, podemos aprender a desarrollar la confianza en nosotras mismas y a crear confianza alrededor, podemos aprender a comunicar mejor con nuestro ser interno y a comunicar mejor con el resto del mundo, a tomar decisiones consensuadas que todas puedan aceptar, a resolver y transformar positivamente nuestras tensiones y conflictos con quienes se muestran diferentes y valoran su diferencia, a cooperar con las demás en la realización de una visión común que nos permite expresarnos creativa y artísticamente, a celebrar lo que somos, lo que hemos logrado entre todas, lo que podemos llegar a hacer; y podemos aprender a honrar ese espacio de convivencia en el que caben todas las voces, en el que la unidad se manifiesta como un prisma de múltiples caras que reflejan la gran diversidad de seres que somos y que conforman una comunidad.

Podemos aprender todo esto y convertirnos en las élderes que toda comunidad necesita, no sólo porque habremos desarrollado la capacidad necesaria para hacer efectiva la visión del grupo o grupos de los que somos parte, sino porque habremos madurado lo suficiente como para convertirnos en cauce de una sabiduría profunda y colectiva que nos habla de amor y compasión, una sabiduría que nos permitirá desbordar nuestra finitud y explorar los ilimitados territorios de toda idea colectiva, si esa es tu inclinación, y conectar y sentirte una con la totalidad espiritual que subyace a la realidad aparente, si es lo que tú crees. Antes de llegar tan lejos, lo mejor será empezar por lo más sencillo, y en esto la facilitación puede ayudarte. La facilitación es, en primer lugar, un conjunto de técnicas y habilidades para comunicar mejor, conocernos mejor en grupo, tomar buenas decisiones, resolver tensiones y conflictos, aprender a cooperar y a celebrar lo que somos. En última instancia, la facilitación es un arte, es el arte del chamán o del élder, el arte de crear comunidad.

Jose Luis Escorihuela «Ulises»