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El dolor se aprende. El dolor se enseña.

El dolor, como todo lo que percibimos, es un producto de nuestras neuronas, células especializadas en extraer y memorizar datos sobre la realidad para poder interpretarla, dotarla de significado y, a poder ser, predecirla.

Utilizando la experiencia propia y observando la ajena, el cerebro va adquiriendo conocimiento. En la especie humana este conocimiento se ve, además, extraordinariamente potenciado por la entrada directa de información de expertos a través de la cultura.

El conocimiento adquirido determina las decisiones tomadas continuamente en la compleja red de neuronas que constituye nuestro Sistema Nervioso. Estas decisiones se expresan hacia el individuo consciente en forma de sensaciones, emociones, reflexiones y movimientos.

Las decisiones cerebrales se elaboran de forma continua, autónoma e inconsciente. El individuo sólo tiene constancia de sus efectos y no del proceso de elaboración, aunque su colaboración (explorando y aportando nuevos datos que permitan reafirmar o derribar conceptos) es fundamental.

El objetivo principal de las reflexiones cerebrales es el de predecir situaciones de peligro que puedan afectar a la integridad de nuestras células y tejidos.

El dolor es la consecuencia de una valoración cerebral de:
– daño consumado
– amenaza de daño inminente
– peligro teórico (real o no)

En el último supuesto el cerebro, al activar el dolor, expresa un estado de alerta que obliga al individuo a prestar atención a una zona y adaptar su conducta a la situación de amenaza teórica. En muchos casos la valoración de peligro es infundada (falsa alarma) pero el dolor es siempre real.

Al exponer los conceptos básicos sobre generación cerebral del dolor por predicción anticipada de posible daño, muchos pacientes reaccionan con sorpresa y recelo y se producen con facilidad falsas interpretaciones. A ello contribuye la escasa y deficiente información existente sobre estas cuestiones.

Se identifica erróneamente la actividad inconsciente del cerebro con la reflexión consciente del propio individuo y algunos pacientes se sienten aludidos al describir la actividad cerebral.

Comentamos por ello, en primer lugar, los errores de interpretación más frecuentes producidos a lo largo de la explicación. Es fundamental evitar estos errores para entender correctamente el tema.

Todo lo que sigue, se refiere a situaciones en las que se ha descartado previamente la existencia de una lesión o enfermedad demostrable que justifique plenamente la existencia del dolor, es decir, corresponde a una valoración-predicción teórica errónea o exagerada del cerebro sobre peligro de lesión.

MAITE GOIKOETXEA MANSO
Desde que terminé la carrera me interesó el estudio del dolor y eso fue lo que ha marcado mi trayectoria clínica. Aplico desde hace aproximadamente 15 años la pedagogía del dolor para pacientes que sufren dolor persistente o recurrente.

En los últimos años me estoy dedicando también a la formación de otros profesionales en Fisiología y Neuropedagogía del dolor.